jueves, 28 de febrero de 2013

Delfines listados: Y con la solidaridad ya son tres.














Especie semejante al delfín común pero de mayor tamaño. Los flancos son de color azul grisaceo con tres líneas longitudinales que parten de un anillo azul oscuro o negro que bordea el ojo. En general se trata de un animal de costumbres eminentemente pelágicas, aunque en el Mediterráneo también es abundante en la plataforma continental. Se alimenta de peces y cefalópodos, principalmente calamares, y también decápodos. Carece de enemigos naturales excepto tiburones y orcas; es lamentablemente famosa la gran epidemia del virus morbillivirus durante 1990-91 en el Mediterráneo que acabó con miles de individuos, a modo de una enfermedad semejante al moquillo de los carnívoros. Se suelen encontrar en manadas de hasta unos cien individuos, aunque en ocasiones pueden alcanzar los varios miles. Su comportamiento es similar al delfín común, con los que no es infrecuente ver mezclados, y son característicos sus saltos junto a los barcos. (ASTURNATURA - CIRCE)

Tras el AMOR que nos regaló Toniña y la HUMILDAD que Élias y su grupo hallaron en aquella familia de calderones en Alborán, los muy hermosos stenella coerulealba nos traen la tercera de las virtudes que se propone entregarnos el acervo emocional del Mediterráneo: LA SOLIDARIDAD.
Como la luminosa bóveda celeste reflejándose en el mar inmenso (caeruleus=cielo azul / albus=blanco), por dos veces en El destino de Élias, grupos de coerulealba nos ofrecen una lección de generosidad y camaradería. En la primera ocasión, conducen en jubilosa cabalgada a nuestros amigos hasta la isla de Alborán y en la segunda... en la segunda se enfrentan a la negrura subyacente a cualquier acto de solidaridad: el daño o carencia que es capaz de arañar las conciencias, que empuja a alguien a mirar "más allá" de su complaciente zona de confort para intentar ayudar a paliar ese dolor.
Pero hay dolores y dolores... Existen dolores, digamos, trágicamente inexorables, aquellos que en forma de epidemias cíclicas o cualquier otro tipo de desgracia natural golpean el discurrir de la vida. Aquí la solidaridad nacería preñada de ternura y compasión, cómo la que se observa en esa actitud de apoyo y arrope que tienen los delfines listados en su viaje hacia aguas baleares para con sus hermanos, más pequeños y más costeros, delfines comunes. Esta primera forma de solidaridad es dulce y mansa, nace del compañerismo y la empatía y es tan bella y luminosa como ese radiante cielo azul y blanco del que hablábamos antes.
Pero a veces ese cielo se enegrece con feroces nubes de tormenta, la solidaridad no nace entonces de lo dulce sino de lo amargo, de la ira incontenible que provoca otro tipo de dolores, de esos dolores en absoluto inexorables sino, antes bien, dramáticamente innecesarios puesto que nacen de una flagrante injusticia, tanto más terrible y flagante cuanto que es consecuencia del egoismo y del abuso previo de otros, en cualquiera de sus formas.
Y es camino a Baleares cuando, en la novela, el gran grupo que han formado se encara a uno de los peores azotes posible: EL HAMBRE. Durante la historia, habrá más ocasiones de enfrentarse a la esquilmación sistemática de los recursos de los mares por parte del ser humano, pero es en esa agónica etapa hacia las montañas submarinas entre Ibiza y Mallorca cuando los viajeros aprenderán el valor de la solidaridad en la conducta de una hembra de delfín listado, enferma del mismo morbillivirus que también en ese 2007  hizo acto de presencia en el Mediterráneo, que aún es capaz de ponerse en disposición de ayudar a todos; listados, comunes e incluso Élias y su pequeño grupo... ayudarles a llegar al único lugar donde podrían sobrevivir a una de las más crueles condenas: la muerte por inanición.
La reacción de Élias frente a la hambruna parece, en contraposición, insolidaria y fuera de lugar. Y en parte es cierto ya que, tras superar la prueba, deviene mejor persona. Sí. Pero en dicha reacción también me ha parecido muy pertinente reivindicar a aquel que sufre en sus carnes el tormento de no poder comer... Sin más, así de sencillo. Además, frente a la mansedumbre de la pobre hembra de stenella coerulealba, en el muchacho de Ciudad Alba prevalece (y es perfecto que así sea) esa bendita y justificada ira oscura, tan madre de la virtud de la solidaridad como la luminosa empatía, que provoca el ser privado, no por causas naturales sino por la cruel rapiña "del que pasó antes que tú", de un derecho fundamental como es el procurarse el sustento, sustento sin el que es imposible plantearse siquiera la opción de ser feliz.
Hemos oído hablar tanto de la falta de recursos... Me da igual que sea en los océanos que en las tierras emergidas, entre las criaturas marinas o entre los seres humanos; cuando se trata del hambre en el mundo, el dedo acaba apuntando siempre al mismo culpable. Y no se trata de un enemigo natural como sequías o fluctuaciones cíclicas en la biomasa (con el que una dulce solidaridad por empatía sería más que suficiente para hacernos reaccionar) sino de "la otra", de la que está llena hasta los topes de cólera e indignación hacia nosotros mismos, en tanto voraces alimañas.

MÁS ALLÁ DE CIFRAS... MÁS ALLÁ DE ESPECIES... LA MUERTE POR HAMBRE, EL CONSENTIR QUE UNA CRIATURA MUERA DOLOROSA Y LENTAMENTE DE INANICIÓN ES UN CRIMEN ABOMINABLE. UN ASESINATO CON TODAS LAS LETRAS.
SI NO CONSENTIRÍAMOS JAMÁS QUE ANTE NUESTROS OJOS ASESINARAN VILMENTE DE ESA ESPANTOSA MANERA A UNA SOLA PERSONA, A UN SOLO ANIMAL, NO ES ADMISIBLE QUE MANTENGAMOS CERRADOS ESOS MISMOS OJOS ANTE LA REALIDAD. NUNCA.

Hoy os pongo como vídeo ilustrativo un trocito de poco más de 10 minutos de un Informe semanal que, más allá de infinitas campañas contra el hambre en el mundo, a mí me impresionó como ninguna. Y lo hizo porque me condujo a pensar en el verdadero origen del problema...Me ha costado mucho dar con él y algunos podrían pensar que, aun así, no pinta nada en este blog, ya que habla de seres humanos y no de animales marinos... Pero cuando lo veáis, coincidiréis conmigo en que el hambre en la tierra y el hambre en los mares son en realidad, se mire por donde se mire, la misma cuestión.































martes, 19 de febrero de 2013

Calderones: La matanza que no cesa.


Siguiendo la estela de Élias y compañía en su viaje hasta los más lejanos confines del Mediterráneo, ahora sería el momento de hablar de los calderones. Son estos los primeros cetáceos con los que se encuentra el grupo una vez abandonada la comunidad profunda de Alborán, recién estrenadas las aguas netamente mediterráneas... Podría contaros, más allá de los datos zoológicos, lo muy interesante que me pareció el papel que juegan las "abuelas" en su forma de vida o por qué elegí en este caso la HUMILDAD como su virtud más emblemática. Incluso podría revelaros de dónde saqué la idea de las siete virtudes de las Piedras de Ceto (ocho contando la rectitud, que las englobaría todas) y qué quiero transmitir al narrar la progresiva activación de las Piedras de las que Mistral es portadora a través de determinadas especies de cetáceos, cada uno representando una de esas virtudes.
Pero será en otra entrada... En ésta es bastante más importante que se divulgue a los cuatro vientos la terrible masacre que se repite cada primavera en las Feröe.
Y sé que las "abuelas" compartirían esa misma opinión.


EcoOcéanos: ISLAS FEROE: ¿LA MAYOR CRUELDAD EN EUROPA?: Domingo 29 de abril de 2012 Se acerca el verano y el comienzo de la temporada de una auténtica barbaridad contra la fauna natural que se...

Dudaba en terminar con un vídeo esta especialmente extensa entrada. Reconozco que las imágenes son casi intolerablemente dantescas pero... Bueno, por muy hermosas que resulten las escenas de cetáceos viviendo en armonía en su entorno natural, puede sean estas otras las que más merece la pena visualizar... (Y eso también va por "The cove", un impactante documental sobre delfines en un pueblo costero japonés del que quizá hayáis oído hablar y que igualmente os recomiendo).



miércoles, 13 de febrero de 2013

Orcas: ¿Ballenas asesinas?

Orca.jpg
La Orca (Orcinus orca), es un mamífero marino del orden de los Cetáceos, el más veloz, así como el de mayor tamaño de la familia de los delfínes oceánicos, conocida como Delphinidae. Se encuentra en los océanos de todo el mundo, desde las frías regiones árticas a los cálidos mares tropicales, correspondiendo al segundo mamífero con la mayor distribución en la tierra (después del hombre). Es un animal sumamente versátil, siendo un depredador que se alimenta de peces, tortugas, aves, focas, tiburones e incluso de otros cetáceos.
Estudios sugieren la existencia de tres tipos de orcas: residentes, transeúntes y oceánicas.
Las residentes tienden a formar grupos familiares grandes o pods (usualmente 5-25 animales). Tienen territorios relativamente pequeños (particularmente en verano) y se alimentan principalmente de salmón y otros peces. Normalmente cazan usando la ecolocalización. Las residentes “hablan” entre ellas más frecuentemente que otras orcas. Son las Orcas más estudiadas de todas, porque tienen hábitos alimenticios predecibles y son, por lo tanto, relativamente fáciles de encontrar y seguir, para los científicos que trabajan con ellas.
Las transeúntes tienden a formar grupos familiares o pods más pequeños (usualmente 1-7 animales). Tienden a utilizar un área más amplia y alimentarse de focas, lobos marinos, delfines y otros mamíferos, así como también de aves marinas y otras especies. No cazan usando ecolocalización, probablemente porque su presa tiene un buen oído y sería capaz de oír los sonidos provocados por las Orcas al utilizar este sistema. En cambio, nadan en forma silenciosa, escuchando los sonidos hechos por otros animales en el agua. Las transeúntes “hablan” entre ellas menos frecuentemente que las Orcas residentes y tienen aletas dorsales levemente más puntiagudas.
Las oceánicas fueron identificadas por primera vez recién a comienzos de los 1990s. Aparentemente viajan en grupos grandes de 25 o más ejemplares. La mayor parte del tiempo se encuentran en mar abierto, mucho más lejos de la costa que las residentes o transeúntes. Probablemente se alimenten principalmente de tiburones y calamares y hacen mucho ruido, comunicándose entre ellas regularmente.

Hoy os presento a las tan temibles ballenas asesinas (killer whale, en inglés), comenzando por una un poco avergonzada confesión. Ya se sabe lo audaz que suele ser la ignorancia y yo, cuando me enfrenté en un principio a los datos que se tienen sobre este formidable animal, dí demasiados tópicos por hecho y, claro está, metí la pata. Y el caso es que la primera vez que aparecen orcas en mis novelas, cuando Rocalla desvela la muerte entre sus fauces del bebé que acaba de tener y cómo aquella desgracia desembocará en su atípico hermanamiento con Eliom, se narra algo que corresponde al ciento por ciento con la realidad de los océanos. Pero alguien dijo que las peores mentiras son las más "contaminadas" de verdad y aunque un tipo de orcas, las transeúntes, si pueden desarrollar ese tipo de conductas, no son la única clase de ellas que existe en el mar.
Todo esto lo descubrí cuando estudié más a fondo la fauna marina del estrecho de Gibraltar. Allí fue cuando volví a encontrarme por segunda vez con estos colosos blanquinegros... y donde mi percepción sobre ellos comenzó a cambiar. Cuando supe de su relativamente pacífica  dieta ictiófaga comprendí que la orca y el ser humano no solo se parecen en su amplísima distribución sino en su ambivalente realidad ángel-demonio o, lo que es lo mismo, en que, depende del cristal donde se mire, pueden pasar por sanguinarios asesinos o por inofensivos comedores de peces.
Volvamos a las orcas del Estrecho. A las familias de estos cetáceos que subsisten en esas aguas la propia diosa Ceto las nombró Las Guardianas del Umbral. Y es que, aún siendo más "todoterreno" que ninguna otra especie del planeta a excepción del hombre, es rarísimo verlas nadando en el Mediterráneo... Este hecho tan curioso fue el que me dió pie a esa fantasía. Me resulta fascinante como, lejos de la idea preconcebida de una inmensa e indiferenciada masa de agua sin límites ni barreras, el océano se revela como un territorio mucho más delimitado y restrictivo para unos o para otros de lo que pudiera pensarse a simple vista.
Reconozco que su título vitalicio de centinelas de las "puertas" del Mediterráneo es algo inventado pero, aunque os sorprenda, los descendientes de aquellas primeras orcas, aquellas otras con las que se encuentran Élias, Dicayos, Mistral y una recién incorporada Toniña justo antes de pasar al mar de Alborán, son, digamos, bastante más reales.
Y es que en el estrecho de Gibraltar se lleva estudiando años a cinco familias de orcas que acuden allí periódicamente al encuentro del atún rojo, el mismo atún por el que compiten haciendo uso de todo su ingenio con los pescadores de la zona. Los nombres que los estudiosos les dan a estos cinco clanes remiten a algún individuo destacado en cada una de las familias y  estos son Camacho, Morales (que antes formaban un solo clan), Macarra (que algunos años se ha asociado a los dos primeros), Bartolo (con un solo avistamiento) y, por último, Vega. Sí, Vega, la misma vieja matriarca que lideraba a Espartaco y sus hermanas y que, en efecto, como ella misma pronosticó, acaba muriendo poco después del encuentro con nuestros viajeros, en el año 2006.
Recordando ahora ese episodio, viene a mi cabeza la peculiar gestión de las emociones que atribuí a las orcas en El Destino de Élias. Se me ocurrió que en el universo emocional en el que se supone que se mueven todos los cetáceos sería plausible imaginar una especie especialmente aficionada a las llamadas "emociones-límite" que, como no podía ser de otro modo, acaban siendo las más cercanas a la implacable muerte, propia o ajena... Y si algún mamífero marino podía encarnar el asombroso despliegue de capacidades intelectuales y físicas que diera lugar a esa forma de "vida en el filo", este no podría ser otro que las vigorosas e inteligentísimas orcas. Sus magníficas persecuciones y sus extraordinarias técnicas de caza, privativas de cada subespecie, las hacen las criaturas idóneas para ese papel. Y es por esa misma idoneidad que la terrible cacofonía emocional, la avalancha de dolores varios que sufren los seres del Mediterráneo, les ensordece y abruma de tal modo que acaba siendo algo demasiado hiriente en tanto "hipersensibilizante" y por ello queda vedado para ellas, convirtiéndose así en guardianas de un espacio que nunca podrán franquear. 

El vídeo que he elegido en esta ocasión no es el más elaborado ni el de mejor realización pero me ha parecido el correcto. En la primera mitad, muestra un grupo de orcas desplegando la famosa técnica de caza característica de la Península de Valdés, en la Patagonia, en la que "juegan" con las focas de la orilla como si fueran peleles, arriesgándose a quedar varadas de lo mucho que salen del mar. Este sería su lado Tánatos, su aspecto predador y hasta un poco suicida. En la segunda mitad... bueno, mejor vedlo por vosotros mismos, pero ya os adelanto que, muy a menudo Eros y Tánatos van de la mano.
Viene a ser lo que os decía al principio: En todos, en nosotros y en ellas, se esconden juntos el ángel y el demonio.






martes, 5 de febrero de 2013

Focénidos: De vaquitas marinas, toniñas y sombrereros locos.

Los focénidos son los cetáceos más pequeños y su cabeza es redondeada, sin el pico característico de los delfines. A diferencia de éstos, su aleta dorsal es más ancha, más pequeña y tiene forma triangular, nadan más despacio y no saltan por encima del agua.

La especie más frecuente y con un área de distribución más amplia es la marsopa común, que habita en las aguas costeras del hemisferio norte (desde el mar Blanco y el mar Báltico, hasta el Mediterráneo y el mar Negro) pero, en especial, cerca de los estuarios y desembocaduras de los grandes ríos. Mide entre 1,2 y 2 m de largo; su cuerpo es azul-negruzco por encima y blanquecino por debajo, y las aletas anteriores son negras. Los dientes de la marsopa son aplanados, en forma de azadón, lo cual les hace bastante diferentes a los de los delfines, que son cónicos. Respecto a sus costumbres, las marsopas suelen vivir en grupos pequeños (menos de diez individuos), y el apareamiento tiene lugar entre junio y septiembre; las hembras paren una sola cría (miden entre 0,7 y 1 m de longitud al nacer), después de un periodo de gestación de unos 11 meses.

El resto de especies de marsopas tienen un área de distribución más restringida. La marsopa de Dall tiene unas marcas blancas distintivas debajo del pecho que suben hacia los flancos y habita en las aguas frías del Pacífico norte hasta Japón. Otra especie, la marsopa negra o marsopa sin aleta, carece, como su nombre indica, de aleta dorsal; es gris oscura y habita en las zonas costeras y estuarios de las aguas del sur y este de Asia.



Quizá os preguntéis porque encabezo esta entrada haciendo alusión al estrafalario personaje que invitó a tomar el té a la Alicia de Caroll en aquel desquiciado "no cumpleaños". La razón es que hoy me toca hablaros de Toniña, el primer cetáceo con el que se encuentran Élias y Dicayos durante su viaje en aguas todavía atlánticas y, en muchos aspectos, el más relevante de todos. Ay, la entrañable Toniña...
En Galicia a las marsopas comunes se las llama toniñas. Es un apelativo genérico, sin identidad personal, el único que en su desamparo se le ocurre tomar a nuestra pobre ancianita cuando comprende que, por quitarle, el contaminado mundo en el que habita le ha arrebatado incluso su verdadero nombre. Porque Toniña es una vieja lunática, una niña chiflada dentro de un cuerpo marchito, no solo por la edad sino por el cruel castigo al que le han sometido unas aguas enfermas... aguas envenenadas, entre otras muchas ponzoñas, por  el mercurio. Y es aquí donde entra a colación el Sombrerero Loco.
En aquella Inglaterra de 1865 donde vieron la luz las aventuras de Alicia en el país de las maravillas el oficio de sombrerero aún estaba en pleno vigor. Y para trabajar los fieltros que más tarde se convertirían en elegantes sombreros se empleaba habitualmente mercurio. Pero el mercurio (también llamado azogue) acabó convirtiendo a muchos de aquellos artesanos en unos "azogados", o lo que es lo mismo, en unos pobres chalados, como tan bien supo reflejar Lewis Carroll en su aventado e histriónico personaje. Puede tener su parte cómica pero en realidad el hecho es que aquellos esforzados artesanos se envenenaban poco a poco hasta llegar en los casos más extremos hasta la más enajenada de las muertes.
Pues bien, este mismo mercurio es el que atosiga a Toniña (los focénidos son los cetáceos más delicados ante las agresiones al medio ambiente marino) robándole desde la salud a la dignidad, pasando por la memoria de una promesa e incluso de una identidad, y el que también la ha convertido en una criatura demente que, sin embargo, no ha perdido por ello su inocencia ni su bondad. Ni, por supuesto, su amor. Ese AMOR que tan importante será no solo para que  triunfe al fin sobre la adversidad sino para que Élias y Mistral, como portadores de Las Piedras de Ceto, puedan culminar con éxito su importante misión.
Como ya le ocurrió a una joven Irisar en el mar de Cortés con unas vaquitas marinas, estos delicados cetáceos a mí también me conmueven profundamente. Toniña, con su chifladura y su inmensa generosidad enternece mi corazón como ningún otro habitante de los Reinos del Mar. La respeto, la admiro... y la amo. Pues esa es la magia de la virtud del Amor; contagiar todos los corazones hasta descubrir la grandeza en lo más insignificante,  en lo (aparentemente) más frágil.
Ella es, en definitiva, lo que yo entiendo por una heroína. Una heroína que se revela indispensable en el viaje por el Mediterráneo y que es la más merecedora de alcanzar el mejor de los destinos.
Y, por todo ello, Toniña acaba alcanzando ese destino. Este será siempre mi reconocimiento y mi regalo para ella; no podría hacerle un cumplido mayor.

Existen varios tipos de marsopas y no sabía bien qué vídeo elegir. Por eso, al final me he decidido por "los más pequeños entre los pequeños", las vaquitas marinas del golfo de California. Están en gravísimo peligro de extinción... como suele ocurrir siempre con los más vulnerables.





 

jueves, 24 de enero de 2013

Delfínidos: Dicayos y compañía

Los delfínidos (Delphinidae), llamados normalmente delfines oceánicos (a diferencia de los platanistoideos o delfines de río) son una familia de cetáceos odontocetos bastante heterogénea, que alberga unas 34 especies.
Miden entre 2 y 9 metros de largo, con el cuerpo fusiforme y la cabeza grande, el hocico alargado y un solo espiráculo en la parte superior de la cabeza (orificio respiratorio que muchos animales marinos tienen como contacto del aire o agua con su sistema respiratorio interno). Son carnívoros estrictos.
Están entre las especies más inteligentes que habitan el planeta. Se encuentran relativamente cerca de las costas y a menudo interactúan con el ser humano.
Como otros cetáceos, los delfines utilizan los sonidos, la danza y el salto para comunicarse, orientarse y alcanzar sus presas; además utilizan la ecolocalización. Hoy en día, las principales amenazas a las que están expuestos son de naturaleza antrópica. (wikipedia)



De las muchas fotos de delfines que podía ofreceros, he elegido precisamente ésta por una buena razón: se trata de un balfín. Como Dicayos.
¿Qué es un "balfín"? Pues un balfín es un cruce entre dos tipos diferentes de delfínidos. El de la imagen es el resultado de la unión de un mular, no con una hembra de calderón gris o delfín de Risso como el entrañable compañero de Élias, sino con una falsa orca, pero el mensaje es el mismo; aunque pudiera resultar sorprendente, la hibridación entre distintas especies de delfines y calderones no es una invención mía sino algo completamente real.
Y eso me gusta. Creo firmemente que el mestizaje, en cualquiera de sus formas, es riqueza. Nos habla de aceptación de la diferencia, de resultados mejores que la suma de sus partes, de superación de arrogantes endogamias... Entiendo que para aquel que vive a caballo entre dos mundos el reto nunca será fácil, pues puede que jamás llegue a sentirse plenamente de ninguno de los dos y, por ello, su integración plena le sea siempre cuestionada, pero sigo apostando porque a la postre su vida, la vida en su conjunto, devendrá de este modo más rica y mejor. 
Dicayos significa en griego "justo", "virtuoso", y está claro que la elección del nombre no fue algo hecho sin pensar. Sin restar importancia a la gesta de crecimiento personal hecha por Élias en su camino por el Mediterráneo, creo que el verdadero héroe del viaje que se narra en mi segunda novela es, en realidad ,Dicayos. En él se hacen presentes armónicamente todas las otras virtudes que tan cruciales acabarán siendo para el despertar de Las Piedras de Ceto... por no hablar del de dos jóvenes corazones que languidecían de soledad hasta que él apareció en sus vidas.
He decidido continuar con mis entradas "siguiendo la estela" de aquel joven Élias que un buen día abandonó los confiables muros de Ciudad Alba y se lanzó en pos de un albatros hacia lo desconocido. Así, iremos haciendo un repaso a las distintas especies de cetáceos que el muchacho se va encontrando sucesivamente a lo largo de su viaje hasta llegar a los confines más orientales del Mediterráneo. En este sentido, Dicayos es el primero... y no solo cronológicamente; cuando él llega a la vida del muchacho ya no dejará de velar por él, de guiarle discretamente en el resto de los muchos encuentros que vendrán después. Se harán buenos amigos. Y eso, en su sentido más pleno, no es poca cosa.
Por si, a estas alturas, a alguien le quedaba alguna duda al respecto, este delfín mestizo (junto con otro personaje del que algún día os hablaré) son mis personajes favoritos entre las criaturas marinas que pueblan mis novelas.
A todos los quiero mucho, por supuesto, pero ellos dos... en fin, ellos dos son mi debilidad.

Y ahora os invito a bailar un vals... entre delfines.







martes, 15 de enero de 2013

Tortugas

Las tortugas marinas son reptiles con caparazón que existen hace más de 150 millones de años y pudieron sobrevivir a todos los cambios del planeta.
Tuvieron su origen en la tierra, pero poco a poco fueron evolucionando y adaptándose al medio marino, diferenciándose del resto de reptiles.
Existen ocho especies de tortugas marinas, agrupadas en dos familias, las Dermochelyidae y las de Cheloniidae y generalmente viven en mares templados o cálidos. Estas ocho especies son la tortuga verde, la tortuga laúd,la tortuga boba, la tortuga carey, la tortuga bastarda, la tortuga olivácea y la Flatback.

Las tortugas marinas son animales generalmente solitarios que pasan el 90% de su tiempo en mar abierto.
Estas condiciones han dificultado su estudio como animal, por lo que muchos aspectos de su vida siguen siendo un misterio.
Además, hay que destacar que a diferencia de otras especies, las tortugas marinas rara vez conviven entre sí.
Las primeras 48 horas de vida de las tortugas marinas son cruciales. Desde que sale de su cascarón debe viajar desde la playa hasta el mar por sus propios medios sin ayuda de nadie. Esto significa salvar a los depredadores además de tener que conseguir su propio alimento.
Nacimiento de una tortuga marina

Ya en mar abierto, las tortugas marinas tienen que hacer frente a las fuertes corrientes. Por esta razón, su visión es limitada.
Una habilidad característica de las tortugas marinas es la de migrar y después ser capaces de regresar a la misma playa para anidar. Esto ha sido objeto de múltiples estudios, llegando a la conclusión de que las tortugas pueden detectar los campos magnéticos de la tierra para determinar latitud y longitud y así poder navegar y situarse, aunque esto está todavía por confirmar.
Las tortugas marinas alcanzan la madurez sexual alrededor de los 7-8 años.

Me hace ilusión empezar las entradas del 2013 con esta longeva criatura marina (se cree que algunas pueden llegar a alcanzar los 200 años). En Los Reinos del Mar aparecen dos exponentes de dicha familia y, aun siendo muy diferentes, ambos me caen verdaderamente bien. De ellos hablaré ahora.
Por un lado tenemos a Tinglar, aparentemente un formidable ejemplar macho de tortuga laúd. "Aparentemente", ya que quien haya seguido las aventuras de la recolectora Irisar por el Pacífico norte sabrá que ni su género ni tal siquiera su propia naturaleza están del todo claros. Y que ese misterio tiene mucho que ver determinada diosa protectora del pueblo rojo, amante de los hechizos... y de los disfraces.
Y por otro lado, cómo no, tenemos a la buena de Unauán ¿Qué podría decir de uno de los personajes más cercanos a mi corazón? Esta anciana tortuga verde, la primera en abandonar la nidada hace muchos años allá en Ascensión, la que regresa a esa misma isla una y otra vez a entregar nuevos hijos al océano, la que ha sobrevivido a lo largo de los años a varios hermanos profundos hasta acabar, más allá de cabreos y exasperaciones varias, unida a su muy querido Áldero... Esta vieja hembra es gruñona, protestona, arisca, incluso cáustica pero del mismo modo, también es valiente, generosa, leal, muy tierna cuando se da permiso para serlo y, sobre todo profundamente sabia.
Voy a compartir dos confidencias con vosotros con respecto a ella. La primera tiene que ver con su propio nombre. Cuando pensaba en cómo llamarla llegó a mis manos la numeración en el código alfabético internacional (CAI) que se emplea en navegación. Es más o menos así:
0.- Nadasiro
1.- Unouan
2.- Bisochú
3.- Terrazri
4.- Kartefor
5.- Pantafaif
6.- Soxisix
7.- Setteseven
8.- Octoeit
9.- Novenain
Si os fijáis, el número uno se escribe UNOUAN... Y ella es tan marinera y, a la vez, tan valiente, tan pionera, tan antigua y tan refrescantemente nueva cada día que, bueno, ya tenía, con una pequeña modificación, un nombre que le cuadraba perfectamente. Y así fue cómo acabó llamándose Unauán.
Y la segunda revelación es confesaros que las novelas de Terry Pratchett me entusiasman. Y que de los muchos personajes que las pueblan hay uno que es, de lejos, mi favorito: Yaya Ceravieja, bruja experta en cabezología y maravillosa hasta la punta de su puntiagudo sombrero negro. La figura de Unauán también pretende ser, de alguna manera, mi guiño y homenaje a esa formidable mujer y a su creador. Los que hayáis disfrutado con las muchas aventuras del Mundo-disco me entenderéis seguro.
En fin, me he puesto tan sentimental que no me apetece colgar en esta ocasión un vídeo divulgativo sobre la especie. Aunque sé que será repetirme puesto que ya os presenté esta canción en otra entrada antigua del blog, no me resisto a volver a ofrecérosla. Siempre me parece ver cuando la escucho a Unauán dando sus primeros pasos hacia el mar, hacia la vida. Hacia lo salvaje.

















viernes, 28 de diciembre de 2012

Pulpos

Se considera a los pulpos como los invertebrados con mayor inteligencia, teniendo éstos un sistema nervioso muy desarrollado (2/3 se encuentra en el cerebro y el resto está en los brazos). Su capacidad para resolver problemas, sortear obstáculos y memorizar patrones ha sido comprobado en varias oportunidades por científicos de todo el mundo. Son capaces de aprender observando, cosa que queda más que demostrada después de ver al pulpo imitador en acción, que adopta diferentes formas de animales venenosos para no ser molestado.
Una gran cualidad es que todos sus conocimientos (de supervivencia) los adquirieron por sí mismos, ya que sus progenitores mueren despué de que los huevos eclosionan; a diferencia de los vertebrados, donde el conocimiento se trasmite de generación en generación.
Hay quien opina que hablando de animales, la inteligencia es la capacidad de aprender de la experiencia y resolver problemas. A éste respecto, Jacques-Yves Cousteau dijo: «La timidez del pulpo es una reacción racional basada sobre todo en la prudencia. [...] Si el buceador es capaz de demostrarle que es inofensivo, perderá la timidez enseguida, más rápido que cualquier otra especie salvaje».
El pulpo es el invertebrado con mayor desarrollo del cerebro y los ojos. Al igual que el ser humano, enfoca la vista con precisión y se adapta a los cambios de luz. Además, su lóbulo óptico, que interpreta la información visual, y su magnífico sentido del tacto le permiten tomar decisiones muy inteligentes. (wikipedia)

Como ya os adelanté cuando hablé del pez luna, los pulpos ejercen sobre mí una fascinación pareja a la que también lo hace la buena literatura de ciencia ficción. De hecho, si tuviera que pensar en algunas criaturas para protagonizar una novela del género en la que se hablase sobre una especie extraterrestre que viviera camuflada (nunca mejor dicho) entre nosotros, haciéndose pasar por un animal marino como cualquier otro, serían precisamente los pulpos. Desde su maleable y hasta un poco estrambótico aspecto físico hasta, por supuesto, su extraña pero a la vez prodigiosa inteligencia, se diría que parecen proclamarlo a gritos...
En mis novelas, los pulpos son una presencia constante. Siempre hermanados, como no podía ser de otro modo, con eruditos, los más doctos de los Reinos del Mar, casi siempre son criaturas entrañables como la cálida Madame Curie y el tímido Tolomeo en Rielar o la guasona Hipatia en Élias pero también hay excepciones, pues en el terrero del saber a menudo existe una delgada línea separando el genio y el monstruo (como Menguele, el pequeño y venenoso pulpo de anillos azules que acompaña a Hidra). También en la tercera novela, el sexto océano, les he querido rendir homenaje a través de Latakika, una atípica hembra no solo por no sucumbir a la común fascinación por nombres de sabios humanos sino porque su personalidad queda fuera de los parámetros de buenos y malos, resultando muy difícil de catalogar a simple vista.
Pero si algo tienen en común todos ellos es su pasión desmedida por el conocimiento. Y, por supuesto, su inteligencia. Por ello, el vídeo sobre ellos que ahora os presento, olvidándome de sus características zoológicas, es más bien una muestra de su portentoso y hasta un poco sobrecogedor talento.