domingo, 21 de abril de 2013

Ballenas beluga: las blancas cantoras.



Las belugas, también llamadas ballenas blancas, tienen un color inusual, por lo que son una de las especies de ballena más conocidas y fáciles de identificar. Al nacer son grises o incluso marrones, y se van volviendo blancas conforme alcanzan la madurez sexual, hacia los cinco años de edad.
Las ballenas blancas son bastante pequeñas y miden entre 4 y 6 metros. Tienen frentes redondeadas y carecen de aleta dorsal.
Las belugas suelen vivir en pequeños grupos. Son animales sociales y comunicadores vocales muy activos que emplean un lenguaje variopinto de chasquidos, silbidos y repiqueteos. Además, pueden imitar diversos sonidos de otro tipo.
Estas ballenas frecuentan habitualmente las aguas de las costas del océano Ártico, aunque también están presentes en regiones subárticas. Cuando el mar se congela, las belugas árticas migran hacia el sur en grandes grupos. Los animales atrapados en el hielo ártico suelen morir, víctimas de osos polares, ballenas asesinas e indígenas del Ártico. Las belugas son cazadas por los pueblos nativos del norte, y también por las pesquerías comerciales. Estas últimas casi acabaron con determinadas poblaciones, como la del Golfo de San Lorenzo. (National Geographic)



Como ya os anuncié en mi anterior entrada, después de pasar varios meses centrada en los cetáceos con los que interactúa Élias en su viaje por el Mediterráneo, ahora os presentaré a dos especies de odontocetos, únicas integrantes de la familia de los monodóntidos, que hacen acto de presencia en Rielar y los Reinos del Mar, mi primera novela. He aquí a la primera de ellas.
Las belugas aparecen al principio de la tercera parte del libro, "Pacífico", cuando se narra como la joven recolectora Irisar, acompañada de su amiga Ulular y de su maestra Surcar, emprende viaje hacia el mayor de los océanos por la ruta del norte, esto es, a través del océano glaciar ártico. Ella será la encargada de dar con la piedra-corazón del propio Élias, todavía un bebé, y tanto porque es su debut como recolectora de piedras corazón como, sobre todo, porque ese primer bautizo trajo inquietantes revelaciones a nivel personal, el ánimo de Irisar está convulso y, por qué no decirlo, bastante amedrentado ante la gesta a la que se tiene que enfrentar.
Me gustaría que intentarais imaginar el encuentro entre las tres mujeres y el , también femenino, grupo de belugas. Se produce de improviso en la bahía de Baffin, relativamente cerca aún de Ciudad Alba, nada más dejar atrás el mar de Labrador y recién estrenado el océano Ártico propiamente dicho.
Al hacer de nuevo ese ejercicio de imaginación yo misma, mi mente es invadida por dos intensos colores, blanco y azul, y de un modo esplendoroso, deslumbrante. Frente al azul del límpido cielo norteño y del omnipresente mar, la blancura del resto de elementos destaca así de un modo casi hiriente: las interminables placas de hielo marino, los vagabundos icebergs, la nieve perpetua en las costas de las tierras circundantes... Y ellas, no solo las incoloras criaturas que salen al encuentro de las tres recolectoras sino éstas últimas, sus clarísimos cabellos (sobre todo, los de la propia Irisar que los lleva largos, como una ensortijada estela de espuma de mar tras de sí), así como sus buzos blancos y sus pálidas pieles, distintivos ambos de su pertenencia a la raza de los profundos de Ciudad Alba. Todo, en definitiva, es blancura; pujante y avasalladora blancura.
Pero si el color blanco suele ir asociado a la paz y al silencio, aunque lo primero se cumple puesto que Irisar, tras el encuentro, recupera buena parte de su serenidad perdida, lo hace a través de todo lo contrario a la ausencia de sonidos. Lo hace a través del canto... y del baile.
No soy muy dada a poner citas de mis libros en este blog, de hecho va a ser la primera vez, pero siento que debo hacerlo. No sé cantar, lo hago francamente mal, aunque puedo imaginar lo hermoso que es unir tu voz con la de tus iguales, en este caso hermanadas tanto en feminidad como en esbelta blancura, pero en cambio me gusta bailar y dicen que no lo hago del todo mal. En el baile también he aprendido (y disfrutado) de lo que es sentirse "en comunión", con la música misma y con las que la comparten contigo en un determinado instante. Un grupo de hembras bailando juntas, sintiéndose hermanas más allá de razas, idiomas, ideologías... e incluso especies, debe ser algo magnífico. No, no debe serlo; sé que lo es.
En fin... todo esto es algo tan atávico, siento que lo llevo tan dentro de mi condición femenina, en todas y cada una de mis células, que intentar explicároslo sin más se me queda corto. Por eso tengo que recurrir a "autocitarme". Para que simplemente contempléis la escena... y la sintáis. Entonces, seguro que lo entenderéis todo mucho mejor. Sobre todo, si sois del género femenino. Ahí va:
"Pronto las tres mujeres, disfrutando como niñas, se encontraban danzando con las juguetonas belugas mientras, casi sin darse cuenta, comenzaban a entonar antiguas melodías en armonioso contrapunto a las infinitas vocalizaciones de los llamados canarios del mar(...) Surcar había estado certera al intuir que eso era precisamente lo que necesita Irisar. A medida que ésta permitía que su cuerpo se hiciera uno con el agua y la espuma, notaba cómo su interior recuperaba la calma, cómo su antigua alegría volvía a hacerse presente. Y mientras se dejaba acariciar por los sedosos cuerpos de sus nuevas compañeras en ese trenzado de cruces y acrobacias, su voz dejaba escapar, a través del liberador canto, toda la tensión que la había atenazado desde antes de abandonar Ciudad Alba".

¿A qué ahora todo ha quedado mucho más claro? ¿Y a qué muchas (y muchos, ¿por qué no?) sabéis de lo que hablo por propia experiencia?... ¿No es maravilloso ese sentimiento de liberación/comunión que te ofrece la música en momentos así, momentos tan escasos como preciosos?

La foto que encabeza la entrada es precisamente de una mujer que, a través del yoga,  se ha atrevido con las bajas temperaturas de los mares árticos y que, de este modo, ha sido capaz de nadar entre belugas. La acabo de descubrir y no me resisto a colgarla ¡Si supierais la de veces que la realidad acaba, de un modo u otro, asemejándose a la ficción que yo misma he creado...!

Como vídeo os propongo, en esta ocasión, otra curiosa "rareza". Las belugas tienen una capacidad de vocalización tan asombrosa que, recientemente, se ha logrado grabar a un ejemplar capaz de reproducir los sonidos de una lejana conversación ¡entre humanos! Oídlo porque, en serio, es impactante (¿y si en vez de estar imitándonos fuera que le han pillado "in fraganti" y en realidad está hablando con algún habitante de los Reinos del Mar?... Ay, ya está mi loca imaginación haciendo de las suyas... Bueno, lo dicho, juzgad por vosotros mismos).


















jueves, 4 de abril de 2013

Cachalotes: El buen Romm y los de su estirpe.





Los cachalotes son fácilmente identificables por sus enormes cabezas y frentes redondeadas y prominentes. Tienen el cerebro ms grande de todas las criaturas conocidas que han poblado la Tierra. En la cabeza también tienen una gran cantidad de una sustancia llamada espermaceti. En su día, los balleneros creían que este fluído aceitoso era esperma. Los científicos no han descifrado la función del espermaceti. Una teoría muy extendida es que el fluido, que se endurece en forma de cera cuando se enfría, ayuda a la ballena a modificar su flotabilidad para sumergirse a gran profundidad y volver a subir. Se sabe que los cachalotes llegan a sumergirse 1.000 metros en busca de calamares. Estos mamíferos gigantes deben contener la respiración hasta 90 minutos en esas inmersiones. Estas ballenas dentadas pueden comer casi una tonelada de peces y calamares al da.

Los cachalotes suelen formar bancos de entre 15 y 20 individuos. Estos bancos están formados por hembras y crías, mientras que los machos viven en solitario o cambian de banco con frecuencia. Las hembras y sus crías permanecen todo el año en aguas tropicales y subtropicales. Se cree que las hembras cuidan a sus crías de forma comunitaria. Los machos migran a latitudes más altas, solos o en grupo, y vuelven al ecuador para reproducirse. Impulsados por su aleta posterior, que mide unos cinco metros de punta a punta, pueden recorrer el océano a unos 37 kilómetros por hora (La conducta gregaria de machos y hembras juntos en el Mediterráneo oriental constituye, por tanto, toda una excepción).

Estos populares leviatanes emiten diversas vocalizaciones, además de una serie de chasquidos que pueden usar para comunicarse o para la ecolocalización. Los animales con ecolocalización emiten sonidos que se desplazan bajo el agua hasta que impactan contra objetos y vuelven rebotados al emisor, revelando la posición, tamaño y forma del objetivo.

Los cachalotes eran un pilar básico de la actividad ballenera en su apogeo en los siglos XVIII y XIX. En su novela Moby Dick, Herman Melville inmortaliza a un mítico cachalote albino, aunque parece ser que el archienemigo de Ahab estaba basado en un animal real al que los balleneros llamaban Mocha Dick. Se cazaba a estos animales por su aceite y ámbar gris, una sustancia que se forma alrededor de los picos de los calamares en el estomago de la ballena. El ámbar gris era (y sigue siendo) una sustancia muy apreciada utilizada en su día para hacer perfumes. (National Geographic)

Y, por fin, llegamos a la última de las Piedras de Ceto. aquella que atesora la virtud de la misericordia. Una virtud tan cercana al amor, la primera en ser activada a través del valeroso viaje de la pequeña Toniña, que se diría que con ella se cierra el círculo que las enlaza a todas. De hecho, Élias y su grupo encuentran la última virtud cuando la vieja marsopa ya ha partido y se diría que es este octavo cetáceo como activador de la misericordia, la deforme hembra de cachalote con la que se encuentran cerca ya de la meta final de su viaje por el Mediterráneo,la que le toma el relevo en su maternal afecto, aunque solo sea por un rato.
El encuentro con los cachalotes es el momento en el que más peligro corren Élias y Mistral de perder la vida en su travesía por aguas mediterráneas. Solo la intervención "in extremis" de esa tía solterona, marcada por el impacto casi mortal de un ferry en su robusto cuerpo, les salva de una muerte segura. El destino final de los dos chicos parece algo inapelable, casi comprensible y hasta justificable, pero cuando todo está perdido, cuando la implacable lógica o la fría justicia no ofrecen ninguna salida, lo único que les salva, que nos salva siempre, es la compasión. La inmerecida, y por ello tan imprevista como redentora, misericordia. En dos palabras, el Amor. Siempre, desde el principio hasta el fin, el Amor.
Ah... los cachalotes. Los que habéis leído mis novelas ya sabéis lo especiales que son para mí estos rotundos animales de ladeado surtidor y cabeza de torpedo. Sobre todo, uno... sobre todo, Romm.
Os confesaré algo. Romm, y también Dicayos, encarnan en cierto modo mi solidario afecto por el sexo masculino. Algo así como sí yo, disfrazada de andrógina "Trovadora del agua", hubiera plasmado en el papel mis distintos sentires hacia los también distintos hombres (y mujeres) que han rodeado mi existencia. Yo no soy una excepción y como tantos otros escritores me he acabado inspirando en mis semejantes.
Hay un refrán que dice: "A los amigos se les admira por sus virtudes y se les quiere por su defectos". Como todo refrán hay una parte falsa pero, qué duda cabe, también otra muy verdadera. Con respecto a mi propio sexo, en todas las mujeres que me han acompañado, incluida yo misma, hay algo de Hidra y algo de Surcar, algo de Emoré y algo de Ulular, algo de Mistral... y algo de Rielar. En definitiva, algo de las tres diosas, Doncella, Madre y Hechicera que, con distintos rostros, empapan toda mi obra. Eso es muy cierto con respecto a mí y mis hermanas pero ¿y los hombres?
Con respecto a los varones, podríamos decir  que Dicayos, el recto Dicayos, encarna todas las virtudes masculinas, aromatizadas por esa maravillosa gestión de las emociones a la que todo hombre debería aspirar y al que creo que, cada vez más, muchos están quitando ese miedo ancestral que les limitaba para tantas cosas... Sería pues la parte luminosa y brillante, la apolínea. El hombre recto y noble al que admiro.
Pero como ya he dicho en otras ocasiones, no hay yang sin yin, ni apolíneo sin dionisiaco, ni resplandor sin penumbra... Un hombre cabal, si aspira a ser verdaderamente noble, si no quiere ser una encorsetada caricatura de sí mismo, tiene que aceptar tanto su fortaleza como su fragilidad, tanto su generosidad como su mezquindad, tanto su luz como su sombra. Solo así será un hombre íntegro, o sea completo, y solo así, asumiéndose en plenitud primero, podrá trabajar honestamente por ser cada día mejor persona. Eso es precisamente lo que representa el bueno de Romm para mí.
Romm es pendeciero y bravucón, a veces celoso, otras veces metepatas y otras... otras simplemente las cosas le quedan grandes y no se entera de nada. Pero yo le quiero, le quiero con locura por ser cómo es, sincero, valiente, lleno de defectos pero con la honestidad suficiente para saber hacerles frente e intentar enmendarse y mejorar. Es leal, consecuente y sabe entregarse de corazón... Sí, definitivamente, puede que admire mucho a Dicayos pero al que quiero aún más de los dos es a ese cabezota lleno de defectos... y de humanidad.

Quizá os preguntéis si, en el caso de los varones de mi entorno, existe alguien concreto en el que me haya inspirado a la hora de describir estos dos personajes. La respuesta es que sí. Afortunadamente, aquel que me acompaña en el camino tiene mucho de Dicayos pero, y eso es lo más importante, también mucho de Romm. Por ello es que le admiro tanto como le quiero... Pero eso, como diría Michael Ende, eso es otra historia.

Mi repaso de los cetáceos mediterráneos ha concluido, por ahora. Tengo planeado presentaros próximamente otros dos que me parecen también muy interesantes pero serán, digamos, criaturas de latitudes mucho más boreales. Ambos hicieron acto de presencia en Rielar con mayor o menor protagonismo ¿Imagináis a quienes me refiero? Bueno, si no es así, ya lo descubriréis... Y ahora, como es de rigor, un ratito de buceo en esta ocasión con Romm, Blou y Grumm, por ejemplo. Hoy es momento de disfrutar de la compañía de los todopoderosos cachalotes.
















miércoles, 27 de marzo de 2013

Delfines comunes: Forjadores de leyendas.



El delfín común oceánico (delphinus delphis) también es conocido como delfín de aletas cortas y pertenece a los cetáceos odontocetos (dentados). Hasta hace pocas décadas se creía que era el único delfín de los océanos. Existe otra especie que no debe ser confundida con esta, llamada delfín común costero (delphinus capensis).
Habita en aguas tropicales y subtropicales de los océanos Atlántico y Pacífico. También son encontrados en el Mar Mediterráneo, Mar Negro, Golfo de México y Mar rojo. Algunos ejemplares han sido encontrados en el océano índico y en mares japoneses.
Optan por nadar en zonas donde la temperatura supera los 10° C. Se trasladan a 11 km/h pero cuando quieren alcanzar alimento, aceleran alrededor de 47 km/h.
Es uno de los delfines más pequeños con una longitud de 2.4 y un peso de 110 a 136 kg siendo las hembras más pequeñas que los machos.
El pico es alargado y más puntiagudo que otras especies de delfín. En cada lado de la mandíbula contienen 20 o más dientes fuertes, afilados y curveados, ideales para que no logren escapar sus presas.
La coloración es una de sus mayores características, pues la parte dorsal superior es gris oscuro y la zona ventral es blanca. Una raya oscura se extiende desde la mandíbula inferior hasta una de sus aletas.
Son muy sociales y casi nunca andan solos. Siempre realizan sus actividades acompañados de otros miembros, siendo una de las especies más abundantes y con mayor número de integrantes.
De igual forma son muy juguetones como la mayoría de los defines y realizan varios tipo de acrobacia saliendo del agua. Los delfines adultos son respetados y suelen actuar como “maestros” de los ejemplares más jóvenes.
Los delfines en general se han considerado animales muy inteligentes debido a muestras de comportamiento que se creían propias del ser humano. Esta especie demuestra cariño y empatía hacia los compañeros enfermos, ayudándolos a respirar en la superficie cuando no pueden hacerlo solos. Cuando alguno muere los demás demuestran tristeza y cuando son rencontrados, especialmente en cautiverio, se emocionan y comienzan a jugar.
No tienen muy buena visión, especialmente en aguas turbias y oscuras pero se guían por medio de los sonidos. Ellos se comunican por medio de vocalizaciones parecidas a un silbido.
Se alimentan de calamares, pulpos y peces como sardinas, anchoas y merluzas, pudiendo consumir poco más de 9kg al día. Suelen empujar a sus presas fuera del agua y atraparlos en el aire.
Son vivíparos y las madres tienen por lo regular una cría, aunque se han dado casos de nacimientos de mellizos y trillizos. Alcanzan la madurez sexual máximo a los 15 años de edad.
En el período de cortejo, machos y hembras frotan sus aletas y nadan de un lado a otro juntando sus cuerpos para finalmente aparearse en posición de vientre con vientre.
El período de gestación dura máximo 12 meses y las crías nacen de aproximadamente 92 cm de largo y de 11 a 16 kilos de peso. El recién nacido toma leche por medio de chorros lanzados por su madre durante seis meses para después consumir alimentos sólidos.
Su promedio de vida útil en estado salvaje es de 20-30 años de edad.
Existe una extensa población de delfines comunes oceánicos, sin embargo, debido a la matanza descontrolada, las capturas accidentales en redes pesqueras y la contaminación que día con día invade su hábitat, se han puesto en marcha leyes para la protección y conservación de esta y otras miles de especies marinas que corren el peligro de desparecer. (BioEnciclopedia)

Un pequeño delfín común será el encargado de traernos la sexta (y penúltima) virtud de las Piedras de Ceto: La inocencia. Y siendo como es ésta una palabra tan llena de matices, el encuentro de Élias y su grupo con el "chiquillo" de esta especie en aguas jónicas, tras despedirse de los rorcuales y ya en compañía de Argos y Sombra, deberá ser analizada desde distintos ángulos.
En primer lugar, el joven delfín común es una víctima inocente. O sea, está libre de culpa. Ni el y su inanición ni la familia que ha perdido son culpables de que los alrededores de la isla griega de Kalamos en el mar Jónico, antes reducto abundante de su especie en el Mediterráneo, se haya quedado prácticamente sin peces. La pesca indiscriminada es la responsable de esquilmar esas aguas, suyas por derecho desde tiempos inmemoriales. No me extenderé mucho en el cruel e injusto castigo que supone matar literalmente de hambre a unas criaturas que, casi de la noche a la mañana, ven arrebatados sus recursos para subsistir. Aunque la verídica historia de Kalamos es estremecedora creo que ya hablé suficiente de la hambruna que sufren muchos animales marinos en aguas mediterráneas cuando os conté la travesía del grupo por aguas baleares... Es algo muy triste sobre lo que siempre merece la pena reflexionar pero, en esta ocasión, ahí lo dejaré.
Porque la palabra "inocencia" tiene otra acepción mucho más hermosa. Tiene que ver con la pureza de espíritu, la infantil (que no pueril) ingenuidad, la liberadora fantasía... En definitiva, tiene que ver con los mitos y  las leyendas. Y aquí el asunto se vuelve a desdoblar, puesto que el joven delfín se nos muestra tan necesitado de sustento como de cuentos, de alimento (y, con él, de consuelo) no solo para el cuerpo sino también para el alma. Por ello, en su recuperación serán casi tan importantes como las sardinas que les ofrezcan, los fantásticos relatos que un conmovido Élias le desgranará en su convalecencia. Y este "niño delfín" enamorado de los mitos acabará siendo el que nos lleve como de la mano a la otra cara de la moneda, a la de estos mismos delfines como protagonistas de los  numerosos mitos que pueblan el imaginario de tantas y tantas civilizaciones.
Aunque merecerían mención aparte los muchos relatos míticos sobre delfines de río en la Amazonia, tratándose de delfines comunes yo voy a ceñirme a los mitos mediterráneos, reflejo de ese pensamiento inocente a nuestros ojos pero profundamente sabio de los antiguos griegos.
A este respecto, cuentan las leyendas que estando el dios Dionisio, señor del vino y los placeres, observando el mar con sus hermosos ojos azules desde un acantilado, fue visto a su vez por unos piratas que, a tenor de sus ricos vestidos, lo tomaron por un extranjero ilustre y decidieron secuestrarlo para pedir luego un rescate. Ya en alta mar, viendo su serenidad y apostura, muchos sospecharon de su identidad divina y quisieron deshacer lo hecho pero al final pudo más el afán de riquezas y los captores se mantuvieron en su malvado propósito. Entonces Dionisio, sin perder en ningún momento su sonrisa, llenó mágicamente de enredaderas, flores y hojas los mástiles y cubierta del barco. Luego se trasformó en un león con un gran oso a su lado y los piratas, despavoridos, saltaron al mar donde se convirtieron en delfines. Y es así que, desde entonces, sirven de por vida al epicúreo dios gentilmente.
Este es según dicen el origen de los delfines, de los llamados "espíritus del mar". Pero de esta historia se derivan muchas otras... Incluso el dios antagónico de Dionisio por antonomasia, el luminoso Apolo (¿os acordáis del concepto yin-yang de la entrada anterior?) juega un papel en la historia ya que se dice que fue el encargado de domesticar a los delfines y, por ello, siempre que era invocado como Delfino o Delfiniano, se erigía como guía y protector de los navegantes. Se dice también que este Apolo Delfino y su hijo Ítalo sufrieron un accidente en alta mar y que un grupo de delfines lo rescató con bien, depositándoles exánimes junto al monte Parnaso, no muy lejos donde luego se levantaría un templo en honor al dios que alcanzaría renombre por su famosísimo oráculo: Delfos.
En fin, así podría seguir... Aunque la conclusión es clara: De seres míticos, venerados, criaturas sobre los que los propios dioses no toleraban agresión alguna... a la angustiosa situación actual de Kalamos y otros muchos lugares como él. Sí, en efecto, la inocencia siempre es vulnerable... por ello, más allá de dioses y religiones y en su sentido más profundo, debería ser SAGRADA.
 Sin que sirva de precedente, hoy no os ofreceré ningún vídeo. Hoy toca cuentos y un cuento final será lo que os presente. Este lo he encontrado por casualidad, fisgando por aquí y por allá, y me ha parecido tan honesto, tan limpio, tan bienpensante, en una palabra, tan inocente en la acepción más bella de la palabra, que creo que por esta vez está bien hecha la sustitución.
 
Los mitos perviven en el tiempo y apelan a esa parte inocente del alma que, por muchos años que pasen, nunca debería morir.

El mito de los delfines

El mito de los delfines
Cuentan las olas que la princesa Ness deseaba ser un delfín para sumergirse en el mar y recorrer todos los países acuáticos donde sus aguas eran de bellísimos colores. Un día su deseo fue tan grande que despertó al dios del océano de su sueño de siglos. El dios del agua le dijo que le concedería su deseo, pero tenía que esperar a la tarde del oro, el único momento en que los humanos podían convertirse en delfines.
La pequeña princesa esperó y esperó, hasta que una tarde un hermoso resplandor dorado surcó el horizonte; las aguas brillaban tanto que parecían encantadas. La niña escuchó unas extrañas voces que iban acercándose a la orilla; eran los delfines que la llamaban: ¡Ness! ¡Ness! ¡Ness!… Sin dudarlo, la princesa niña se quito su pequeña corona y se arrojó al mar. En ese mismo instante su cuerpo comenzó a transformarse, le nacieron aletas y su piel se volvió resbaladiza como la de un delfín.
Cuando logró ser un delfín, siguió a los otros delfines que le mostraron los secretos del mar, aprendió a reír y a jugar pero lo que nunca pudo imaginar la pequeña princesa era que su peor enemigo serían los humanos. Pronto pudo comprobarlo, al tener que huir de las redes de los pescadores para salvar su vida. En ese momento, la pequeña delfín quiso convertirse de nuevo en niña. El dios del agua le preguntó: ¿qué tesoros del mar te llevarías a la tierra? La princesa, recordó las perlas de nácar, los tesoros de los galeones perdidos… De pronto, Ness recapacitó. Encontró el mejor tesoro que podría llevarse a su reino y le contestó al hombre del agua: me llevaré el Arte, el Tao y el Amor, es lo más importante que me han enseñado mis amigos los delfines.
Instantáneamente la princesa Ness apareció tendida en la arena al lado de su pequeña corona, volvía a tener su cuerpo de niña.
En ese momento decidió que consagraría su vida a propagar las enseñanzas de sus queridísimos amigos los delfines: enseñaría a todos los niños de su reino a reír y a jugar para que vivieran felices. Y desde aquel día mágico, cuentan las olas que la princesa Ness, compartió con su príncipe azul, el Arte, el Tao y el Amor que le enseñaron sus amigos los delfines. Aprendieron que la alegría es la puerta del amor, crecer aprendiendo los valores esenciales para afrontar la vida, confiando en sí mismos y aprendiendo sin miedo al futuro.

Texto: Vanessa Rodríguez García, inspirado en el cuento “La tarde de plata” de Rosa Mª Badillo en su libro “Cuentos para delfines”.











domingo, 17 de marzo de 2013

Rorcuales: Los gigantes del mar.

RORCUAL COMÚN (Balaenoptera physalus)

Es el segundo rorcual (suborden de los misticetos, también llamados ballenas o cetáceos con barbas) más grande del mundo, después de la ballena azul. Las hembras suelen medir entre 19 y 22 m (75 toneladas), aunque se han descrito individuos de 24 m en el Hemisferio Norte y 27.1 m en el Hemisferio Sur (120 toneladas). En general, los machos presentan un tamaño mas pequeño, unos 2 m inferiores a las hembras.
La razón de su pigmentación asimétrica de la mandíbula inferior (siendo muy oscura en el lado izquierdo y blanca en el lado derecho), única en cetáceos, todavía no se ha podido explicar.
Distribución
Su distribución es cosmopolita. Se encuentra en casi todos los océanos, normalmente de zonas templadas a zonas polares y menos frecuentemente en los trópicos. Es común avistar los rorcuales comunes en zonas costeras, pero también esta especie habita el mar abierto. En el Mediterráneo hay una población que se distingue genéticamente de la del Atlántico Norte.
Se alimentan de krill, pequeños peces (arenque, aguacioso, capelín) y cefalópodos que pueden capturar a más de 200m de profundidad. Con sus barbas (de 260 a 480), suspendidas al maxilar y de menos de 1m de longitud, filtran el alimento. En la parte ventral del cuerpo presentan de 50 a 100 largos surcos entre las aletas pectorales. Estos permiten aumentar la capacidad bucal y torácica cuando se despliegan al entrar agua y alimentos, recuperando su aspecto inicial, al expulsar el agua a través de las barbas, y su forma hidrodinámica.
Lo más frecuente es observarlos, bien en solitario o bien formando grupos no demasiado numerosos de 5 a 7 individuos como máximo, aunque en determinadas áreas de alimentación puedan concentrarse hasta el centenar de ejemplares.

 
 
 
 
Ciclo biológico
No se dispone de mucha información sobre la reproducción de esta especie ni si existen zonas específicas de apareamiento o de cría. Los machos alcanzan su madurez sexual con 17 m aproximadamente y las hembras con 18, a los 6-7 años de edad. El ciclo de reproducción es de dos a tres años. Tras un periodo de gestación de 11 a 12 meses nace una cría de 6 - 6.5 m y 1800-2700 kg. Las crías lactantes permanecen con sus madres los primeros 6 a 8 meses de su vida.
Los rorcuales comunes tienen una esperanza de vida de alrededor de 80 años.

Señales acústicas
Los rorcuales, al igual que todos los misticetos, no emiten clicks, sino unas vocalizaciones, en forma de cantos y llamadas (songs and calls) cuyo mecanismo de producción sigue siendo materia de estudio. Podría intervenir aquí, a diferencia de los odontocetos (cetáceos con dientes, como los delfines que carecen de cuerdas vocales) la laringe. Dichas vocalizaciones en el caso de los rorcuales comuens se producen a muy baja frecuencia y por tanto pueden propagarse a lo largo de cientos de kilómetros, utilizando canales acústicos submarinos formados por las diferencias de salinidad y temperatura de las diferentes capas de agua.

Las principales amenazas
Desde principios del s.XX hasta 1986, la principal amenaza que esta especie sufrió fue la caza a gran escala. Actualmente, su caza está prohibida en todos los países, excepto en Islandia (desde 2003), donde se ha anunciado que se cazarán 9 rorcuales comunes hasta agosto del 2007. Sin embargo, todavía siguen presentes algunas amenazas como las colisiones con buques, la contaminación química y/o inorgánica y la contaminación acústica. A pesar de ser un animal de natación veloz (puede alcanzar más de 30 km/h) las colisiones con buques son una causa común de muerte, en particular en el Mediterráneo. (Sons de Mar)

Como recordaréis, a finales del año pasado retomé este blog con el propósito de hacer un repaso de los animales marinos que pueblan mis novelas. Y empecé por las megapteras o yubartas, en honor de mi buena amiga Rocalla, la primera en dar la bienvenida a Rielar en su vuelta a los reinos del Mar. Ahora voy a hablar de, digamos, la otra rama de la gran  familia Balaenopteridae, los Rorcuales, y más concretamente, de los rorcuales comunes que, sin llegar a las insuperables dimensiones de sus primos los rorcuales azules (mayores aún que los famosos dinosaurios) dejan a la inmensa hermana de Eliom convertida en una  delicada y, sobre todo, menuda damisela.
Tras despedirse de aquel viejo zifio que les otorgó la quinta virtud, la de la verdad, el siguiente encuentro de Élias y su grupo, ya a punto de dejar atrás el Mediterráneo occidental y de adentrarse en la cuenca más oriental, se produce con unos hermanos, gemelos para más señas (entre los cetáceos aunque infrecuentes, a veces se dan nacimientos gemelares) pertenecientes al género balaenoptera phylasus. O, lo que es lo mismo, con dos inmensos y poderosos rorcuales comunes.
Ellos serán los encargados de activar la quinta piedra de Ceto y, como no podía ser de otro modo, al igual que los dos platillos de una simbólica balanza, uno desde la severidad, otro desde la benevolencia, uno desde el pesimismo, otro desde el optimismo, uno desde la intransigencia, otro desde la permisividad, lo harán con la siempre dual virtud de la justicia.
Y, hablando de dualidades... Ya os comenté en la entrada anterior que os explicaría el por qué de las Piedras de Ceto y sus virtudes y creo que ahora ha llegado el momento de hacerlo.
Empezaré diciendo que, a mi modo de ver, la historia del pensamiento es, en cierta forma,el milenario intento de desentrañar el secreto de la naturaleza dual de la realidad. El ser humano, en todo tiempo y lugar, ha observado el eterno contraste entre los contrarios dando, a grosso modo, dos explicaciones igualmente contrapuestas:
-Por un lado, desde Parménides a Platón pasando por los distintos panteismos y, a la postre, fanatismos, se ha defendido la idea de que una de las "partes" de esa dualidad era la auténtica realidad y la otra, sea una falsa apariencia, un engaño de los sentidos o lo que se quiera, algo apenas más digno de consideración que una perversa entelequia. Este es un camino peligroso pues cuando el pensamiento da paso a los valores no es difícil acabar ensalzando uno y demonizando el otro lo que, en la praxis humana, acaba derivando en todo tipo de dicotomías "amputadoras": lo que no es lo correcto es lo incorrecto, da igual que hablemos de religiones, razas, sexos o lo que se quiera discriminar. Sólo existe una única realidad; la mía. Cualquier otra en el mejor de los casos se deberá ignorar y, en el peor... derrotar y aniquilar en aras de la única y luminosa verdad.
-Pero existe otra opción a ese reconocimiento dual de la realidad. Y es valorarla en su completitud sin renegar de sus dos caras sino, antes bien, comprendiendo que existe una correcta y armoniosa alternancia e incluso reconociendo que solo juntos el día y la noche, el frío y el calor, lo femenino y lo masculino, lo mío y lo tuyo, llevan a su plenitud esa misma realidad que lo constituye todo. Desde un punto de vista, todo es lo mismo en su importancia, bondad y dignidad pues en ese todo se encierra el equilibrio y desde otro punto de vista, cada faceta aparentemente antitética encierra su propia belleza y razón de ser pues, en la eterna rueda de la vida, todo acaba siendo todo, ya lo es en realidad, en lo blanco está lo negro y en los negro lo blanco porque uno es lo otro y, con el tiempo, a su contrario volverá en un siempre renovado ciclo sin fin.
Y esa esfera mitad blanca y mitad negra separada por un serpenteante equilibrio y que exhibe, reivindicativa, un punto de color contrario en el seno de cada hemisferio es una imagen que seguro que no os resulta del todo desconocida... Es la más emblemática del pensamiento taoista y es la que muestra la naturaleza yin-yang de la realidad. Podía haber elegido entre un surtido bastante amplio de "panteón de virtudes" (en el fondo, muy semejantes) pues creo que cada religión o corriente espiritual tiene el suyo, pero yo comulgo con este segundo tipo de pensamiento que postula el concepto de dualidad como algo integrador, enriquecedor, que suma y no resta, que aglutina y no segrega, que reivindica lo hermoso de la sombra de igual modo que lo hermoso de la luz, pues ambos son inseparables e interdependientes.
En esa artificial y dañina antítesis entre lo rectilíneo y lo curvo, lo apolíneo y lo dionisiaco, lo seco y lo húmedo, de la que no se libran ni los racionales y sesudos eruditos de los grandes océanos, los cetáceos del recoleto e íntimo Mediterráneo serán lo encargados de reivindicar la inteligencia emocional frente a la siempre monolítica inteligencia racional, no para desbancarla (como ha pretendido siempre esta última con "lo diferente") sino para aglutinarla y abrazarla amorosamente, haciendo nacer por fin la comprensión-compasión necesaria para redimir la vida entera.
En el camino del Tao existen siete virtudes (ocho con la rectitud, que a la postre las engloba a todas llevándolas a su culminación) y, todas ellas, conducen a esa biófila asunción de la realidad. Son: El amor, la humildad, la solidaridad, la verdad, la justicia, la inocencia y la misericordia. Estas dos últimas aún no han sido mostradas, pero todo llegará...
Y ¿por qué he esperado hasta este preciso momento para contaros todo esto? Pues porque la coloración asimétrica del rostro de los rorcuales, blanco en una mitad y oscuro en la otra, es algo tan único y atípico en el reino animal que bien puede llevarnos a la reflexión como símbolo viviente del binomio yin-yang y porque es ahora, con la  virtud de la justicia que nos traen estos dos colosos marinos donde mejor ejemplificado queda que una visión integradora, que contemple todos los factores y puntos de vista, será nuestra única posibilidad de redención, entre unos y otros y con el planeta en su conjunto. Esa es mi fe.

Finalmente, aquí tenéis un vídeo sobre un rorcual... azul. Aunque los rorcuales comunes que salen en la novela ocupan un muy honroso segundo puesto, he optado por ofreceros al, por otro lado muy semejante, "hermano mayor": La todopoderosa ballena azul, la más grande entre las grandes. Y lo he hecho, entre otras cosas, porque en esta entrada he reivindicado el contemplar la verdadera grandeza de las cosas... aquella que no olvida, pues se sabe dual, la igualmente hermosa pequeñez que también encierran.


















 

sábado, 9 de marzo de 2013

Zifios: El mejor "sónar", la peor suerte

 EL SOFISTICADO "SÓNAR" DE LOS ZIFIOS
(artículo de masmar.com)
  El complejo y delicado sistema de ecolocación de los cetáceos es también su “talón de Aquiles”, pues les ha puesto en el punto de mira de los experimentos militares
Todas las especies de odontocetos (cetáceos con dientes) utilizan un sistema de “sónar” para comunicarse y detectar a sus presas. El delicado y perfecto sistema craneal de un zifio es capaz de producir sonidos que rebotan sobre objetos y seres del fondo marino, especialmente en aquellos lugares donde la visibilidad es baja o nula, y que le son devueltos en forma de ondas a través de su mandíbula inferior, dándole una completa definición de lo que hay a su alrededor. Por tanto no es casual que la Armada estadounidense se haya centrado sobre esta especie de cetáceos como modelo experimental para desarrollar y perfeccionar sus sónares militares. Paradójicamente, el complejo sistema de comunicación de estos mamíferos marinos, copiado por los humanos para controlar los océanos, se está volviendo contra ellos y empieza a ser una seria amenaza. ¿Por qué los zifios? Existen en el mundo unas 22 especies de zifios cuya longitud varía entre los 3,7 metros y casi 1.000 kilos de peso del zifio enano (Mesoplodon peruvianus) y los casi 13 metros y 15 toneladas del enorme zifio de Baird (Berardius bairdii). La mayoría de estos animales han pasado desapercibidos para la ciencia hasta décadas recientes. De hecho, cuatro especies han sido descubiertas en los últimas dos décadas. Algunas de ellas tan sólo se conocen por unos pocos ejemplares varados en la costa. Y existe una especie de la que sólo se sabe de su existencia por el hallazgo de sus restos.
< Contrariamente a lo que ocurre con otros muchos odontocetos (algo que comparten con los misticetos -ballenas sin dientes-), las hembras son de mayor tamaño que los machos. Las crías al nacer suelen tener un tamaño considerable (entre un tercio y la mitad de los adultos) y, su longevidad se estima en unos 30 años.
Estos animales suelen encontrarse en grupos pocos numerosos, son muy huidizos y permanecen gran parte de su vida bajo el agua. Suelen alimentarse en zonas de profundidades superiores a los 200 metros, llegando incluso a superar los 1.400 metros, como en el caso de los zifios calderón, pudiendo permanecer más de una hora sin salir a respirar nuevamente a superficie. Su alimentación se basa en cefalópodos, peces y crustáceos que encuentran en estas profundidades. Muchas de sus presas son calamares bioluminiscentes. Se ha apuntado la posibilidad de que esta especie pueda identificar los calamares, no sólo por la ecolocación, sino por la vista, al poder identificar los fotósforos de estos animales. También se ha barajado la posibilidad de que algunos tonos claros de la superficie de este animal o la adhesión de bacterias (diatomeas) pueden proporcionarle también luminiscencia a los zifios. La mayoría de estos cetáceos carecen de dientes o no los tienen visibles, salvo en el caso del Tasmacetus (que tiene entre 17 y 27 dientes en cada hemimandíbula) y el genero Berardius (con un par de dientes en cada hemimandíbula inferior) y los dos dientes distintivos (uno en cada hemimandíbula inferior) de los machos del resto de especies. Por lo tanto, se desconoce la forma en que realizan la captura de sus presas, aunque estudios recientes parecen achacar ésta a un sistema combinado de succión por medio de la lengua y de las dos hendiduras que muestran estas especies en la garganta (pliegues gulares). Se cree que los dientes en muchos zifios es un distintivo sexual y que puede ser utilizado en luchas durante la temporada de apareamiento, como así parecen demostrar las habituales cicatrices que muestran estos animales. No se conocen apenas predadores para estas especies, salvo el ser humano, que ha cazado y caza algunas de sus especies, y el tiburón cigarro (Isistius brasilensis). Este tiburón de apenas medio metro puede provocar heridas en los zifios que, en caso de ser muy severas, llegan a provocarle la muerte. No obstante, el tiburón cigarro suele considerarse más bien un “parásito” que engaña a los zifios por medio de sus fotosensores haciéndose pasar por una presa para extraer luego a mordiscos algunos centímetros de piel, grasa (y a veces músculo) de los cetáceos. Interés de las armadas en los zifios Es ya conocido por la opinión pública el interés que distintas armadas vienen mostrando por los cetáceos. Desde la utilización de delfines, belugassubmarinistas enemigos. Menos conocidos son, sin embargo, los estudios que desde hace décadas vienen realizando los militares para conocer el sistema de ecolocación de los cetáceos. Todas las especies de odontocetos (cetáceos con dientes) utilizan un sistema de “sónar” para comunicarse y detectar a sus posibles presas. Por medio de la emisión de sonidos a través de su melón (cabeza) y de la recepción de estas ondas rebotadas por la mandíbula inferior, los cetáceos pueden conocer la situación de sus presas en lugares donde la visibilidad sea baja o nula. Los zifios tienen un sistema especialmente complicado de ecolocación que los ha convertido en punto de interés especial. El cráneo tienen una gran cantidad de cavidades (senos) que le permiten articular gran diversidad de sonidos y su mandíbula inferior (dos hemimandíbulas fusionadas en su extremo más exterior) es muy frágil y de poca consistencia, los que las dota de una gran capacidad y precisión a la hora de recoger los sonidos rebotados. Estos animales suelen alimentarse en lugares de gran profundidad, donde las temperaturas del agua son muy bajas y la entrada de la luz es nula, por lo que sólo la bioluminiscencia o la ecolocación pueden permitir conseguir la captura de sus presas. La OTAN ha llevado a cabo estudios muy diversos sobre el sistema de ecolocación de estos cetáceos para obtener datos y conocimientos que puedan aplicar a las prácticas militares.
Dichos estudios han permitido conocer una amplia gama de sonidos utilizados por estos cetáceos; desde las secuencia de clicks a un intervalo de 0.07 segundos a otros de mayor duración, como los silbidos. Aunque muchos de los sonidos que emiten se encuentran entre 1 y 10 kHz, se han detectado sonidos que van entre los 300 Hz y más de 40 kHz) y se cree que pueden oír sonidos en un rango muy superior (entre los 100 Hz y los 80 kHz). También se ha comprobado que son especialmente sensibles a las frecuencias intermedias de este rango, lo que hace que coincida con las utilizadas en sistemas de sónar de media y baja frecuencia. Las investigaciones se ampliaron con posterioridad a conocer el impacto de la contaminación acústica, en especial por los sónares militares que se estaban desarrollando, sobre estos animales. Esto se intensificó tras el varamiento de zifios en las costas griegas después de los ejercicios navales realizados por la OTAN (y que concluyeron que uno de los animales había sufrido un golpe de una onda de sonido de 290 Hz a 15 kilómetros del emisor). Similares conclusiones han sido sacadas de los experimentos realizados por la Armada estadounidense en zonas como Hawai, California o Bahamas, donde también se detectaron, o bien varamientos, o comportamientos anormales en los cetáceos.

Sé que el texto precedente es largo pero me ha parecido interesante copiarlo íntegro ya que muchos de los datos que en él aparecen concuerdan (algunos, muy tristemente) con aquellos que recaban Élias y sus amigos en su encuentro con un viejo zifio en aguas tirrenas. Aquel macho, solo y sordo merced a los dañinos tejemanejes de humanos interesados en su prodigiosa ecolocación, activará la cuarta de las Piedras de Ceto con la virtud de la verdad... de su triste verdad. El grupo le ayudará en lo que pueda pero es, de entre todos los cetáceos a cuestas con sus pesares que pueblan El destino de Élias, el que más lástima me da. Quizá sea por la forma en que desgrana él mismo todo lo que el hombre le ha arrebatado, desde una familia feliz (no me pude sustraer a la tentación de parrafrasear el especialmente hermoso comienzo de "cierta novela rusa con nombre de mujer" que seguro que algún lector habrá identificado...)  hasta la pérdida de su capacidad de ecolocación: en cierto modo, la esencia misma de un delfín.
En la próxima entrada intentaré ser más breve. Ah, y con la llegada de la quinta virtud os hablaré, por fin, del significado oculto de las Piedras de Ceto.

No es fácil encontrar vídeos sobre zifios de cuvier ni de zifios en general y la mayoría de los pocos que hay son sobre varamientos. Y ya me parecía más que suficiente de asuntos tristes... Sentía que era necesario un vídeo optimista, quizá protagonizado por aquel mismo viejo macho, ahora esperanzado y feliz, rumbo hacia el santuario Piélagos para mamíferos marinos.
Y, al final, lo encontré.

jueves, 28 de febrero de 2013

Delfines listados: Y con la solidaridad ya son tres.














Especie semejante al delfín común pero de mayor tamaño. Los flancos son de color azul grisaceo con tres líneas longitudinales que parten de un anillo azul oscuro o negro que bordea el ojo. En general se trata de un animal de costumbres eminentemente pelágicas, aunque en el Mediterráneo también es abundante en la plataforma continental. Se alimenta de peces y cefalópodos, principalmente calamares, y también decápodos. Carece de enemigos naturales excepto tiburones y orcas; es lamentablemente famosa la gran epidemia del virus morbillivirus durante 1990-91 en el Mediterráneo que acabó con miles de individuos, a modo de una enfermedad semejante al moquillo de los carnívoros. Se suelen encontrar en manadas de hasta unos cien individuos, aunque en ocasiones pueden alcanzar los varios miles. Su comportamiento es similar al delfín común, con los que no es infrecuente ver mezclados, y son característicos sus saltos junto a los barcos. (ASTURNATURA - CIRCE)

Tras el AMOR que nos regaló Toniña y la HUMILDAD que Élias y su grupo hallaron en aquella familia de calderones en Alborán, los muy hermosos stenella coerulealba nos traen la tercera de las virtudes que se propone entregarnos el acervo emocional del Mediterráneo: LA SOLIDARIDAD.
Como la luminosa bóveda celeste reflejándose en el mar inmenso (caeruleus=cielo azul / albus=blanco), por dos veces en El destino de Élias, grupos de coerulealba nos ofrecen una lección de generosidad y camaradería. En la primera ocasión, conducen en jubilosa cabalgada a nuestros amigos hasta la isla de Alborán y en la segunda... en la segunda se enfrentan a la negrura subyacente a cualquier acto de solidaridad: el daño o carencia que es capaz de arañar las conciencias, que empuja a alguien a mirar "más allá" de su complaciente zona de confort para intentar ayudar a paliar ese dolor.
Pero hay dolores y dolores... Existen dolores, digamos, trágicamente inexorables, aquellos que en forma de epidemias cíclicas o cualquier otro tipo de desgracia natural golpean el discurrir de la vida. Aquí la solidaridad nacería preñada de ternura y compasión, cómo la que se observa en esa actitud de apoyo y arrope que tienen los delfines listados en su viaje hacia aguas baleares para con sus hermanos, más pequeños y más costeros, delfines comunes. Esta primera forma de solidaridad es dulce y mansa, nace del compañerismo y la empatía y es tan bella y luminosa como ese radiante cielo azul y blanco del que hablábamos antes.
Pero a veces ese cielo se enegrece con feroces nubes de tormenta, la solidaridad no nace entonces de lo dulce sino de lo amargo, de la ira incontenible que provoca otro tipo de dolores, de esos dolores en absoluto inexorables sino, antes bien, dramáticamente innecesarios puesto que nacen de una flagrante injusticia, tanto más terrible y flagante cuanto que es consecuencia del egoismo y del abuso previo de otros, en cualquiera de sus formas.
Y es camino a Baleares cuando, en la novela, el gran grupo que han formado se encara a uno de los peores azotes posible: EL HAMBRE. Durante la historia, habrá más ocasiones de enfrentarse a la esquilmación sistemática de los recursos de los mares por parte del ser humano, pero es en esa agónica etapa hacia las montañas submarinas entre Ibiza y Mallorca cuando los viajeros aprenderán el valor de la solidaridad en la conducta de una hembra de delfín listado, enferma del mismo morbillivirus que también en ese 2007  hizo acto de presencia en el Mediterráneo, que aún es capaz de ponerse en disposición de ayudar a todos; listados, comunes e incluso Élias y su pequeño grupo... ayudarles a llegar al único lugar donde podrían sobrevivir a una de las más crueles condenas: la muerte por inanición.
La reacción de Élias frente a la hambruna parece, en contraposición, insolidaria y fuera de lugar. Y en parte es cierto ya que, tras superar la prueba, deviene mejor persona. Sí. Pero en dicha reacción también me ha parecido muy pertinente reivindicar a aquel que sufre en sus carnes el tormento de no poder comer... Sin más, así de sencillo. Además, frente a la mansedumbre de la pobre hembra de stenella coerulealba, en el muchacho de Ciudad Alba prevalece (y es perfecto que así sea) esa bendita y justificada ira oscura, tan madre de la virtud de la solidaridad como la luminosa empatía, que provoca el ser privado, no por causas naturales sino por la cruel rapiña "del que pasó antes que tú", de un derecho fundamental como es el procurarse el sustento, sustento sin el que es imposible plantearse siquiera la opción de ser feliz.
Hemos oído hablar tanto de la falta de recursos... Me da igual que sea en los océanos que en las tierras emergidas, entre las criaturas marinas o entre los seres humanos; cuando se trata del hambre en el mundo, el dedo acaba apuntando siempre al mismo culpable. Y no se trata de un enemigo natural como sequías o fluctuaciones cíclicas en la biomasa (con el que una dulce solidaridad por empatía sería más que suficiente para hacernos reaccionar) sino de "la otra", de la que está llena hasta los topes de cólera e indignación hacia nosotros mismos, en tanto voraces alimañas.

MÁS ALLÁ DE CIFRAS... MÁS ALLÁ DE ESPECIES... LA MUERTE POR HAMBRE, EL CONSENTIR QUE UNA CRIATURA MUERA DOLOROSA Y LENTAMENTE DE INANICIÓN ES UN CRIMEN ABOMINABLE. UN ASESINATO CON TODAS LAS LETRAS.
SI NO CONSENTIRÍAMOS JAMÁS QUE ANTE NUESTROS OJOS ASESINARAN VILMENTE DE ESA ESPANTOSA MANERA A UNA SOLA PERSONA, A UN SOLO ANIMAL, NO ES ADMISIBLE QUE MANTENGAMOS CERRADOS ESOS MISMOS OJOS ANTE LA REALIDAD. NUNCA.

Hoy os pongo como vídeo ilustrativo un trocito de poco más de 10 minutos de un Informe semanal que, más allá de infinitas campañas contra el hambre en el mundo, a mí me impresionó como ninguna. Y lo hizo porque me condujo a pensar en el verdadero origen del problema...Me ha costado mucho dar con él y algunos podrían pensar que, aun así, no pinta nada en este blog, ya que habla de seres humanos y no de animales marinos... Pero cuando lo veáis, coincidiréis conmigo en que el hambre en la tierra y el hambre en los mares son en realidad, se mire por donde se mire, la misma cuestión.































martes, 19 de febrero de 2013

Calderones: La matanza que no cesa.


Siguiendo la estela de Élias y compañía en su viaje hasta los más lejanos confines del Mediterráneo, ahora sería el momento de hablar de los calderones. Son estos los primeros cetáceos con los que se encuentra el grupo una vez abandonada la comunidad profunda de Alborán, recién estrenadas las aguas netamente mediterráneas... Podría contaros, más allá de los datos zoológicos, lo muy interesante que me pareció el papel que juegan las "abuelas" en su forma de vida o por qué elegí en este caso la HUMILDAD como su virtud más emblemática. Incluso podría revelaros de dónde saqué la idea de las siete virtudes de las Piedras de Ceto (ocho contando la rectitud, que las englobaría todas) y qué quiero transmitir al narrar la progresiva activación de las Piedras de las que Mistral es portadora a través de determinadas especies de cetáceos, cada uno representando una de esas virtudes.
Pero será en otra entrada... En ésta es bastante más importante que se divulgue a los cuatro vientos la terrible masacre que se repite cada primavera en las Feröe.
Y sé que las "abuelas" compartirían esa misma opinión.


EcoOcéanos: ISLAS FEROE: ¿LA MAYOR CRUELDAD EN EUROPA?: Domingo 29 de abril de 2012 Se acerca el verano y el comienzo de la temporada de una auténtica barbaridad contra la fauna natural que se...

Dudaba en terminar con un vídeo esta especialmente extensa entrada. Reconozco que las imágenes son casi intolerablemente dantescas pero... Bueno, por muy hermosas que resulten las escenas de cetáceos viviendo en armonía en su entorno natural, puede sean estas otras las que más merece la pena visualizar... (Y eso también va por "The cove", un impactante documental sobre delfines en un pueblo costero japonés del que quizá hayáis oído hablar y que igualmente os recomiendo).